ONDAS DO MAR DE VIGO, SE VESTES MEU AMIGO...

ONDAS DO MAR DE VIGO, SE VESTES MEU AMIGO...

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Un día más es un día menos:

Estoy subiendo a la Universidad. Estoy subiendo a la Universidad y pienso que hace un día precioso. Hace un día precioso, el Sol domina la ciudad y pienso en las noches de verano y en los restos de arena sobre el plato de mi ducha... El recorrido, si me concentro un mínimo, me eriza la piel. Entonces pienso en las cenizas y en que volver a frecuentar lugares que han sido testigos de bellos momentos que no existen más, resulta de lo más paralizante... Esto me lleva a pensar que tal vez, a su vez, sí que haya instantes en los que se detiene el tiempo y re-pienso en re-aprender y en que todavía pueden enseñarme muchas cosas...

Ya estoy llegando y pienso que es una pena no poder dar otra vuelta, a la ciudad, y a mi cabeza.

Han pasado casi tres meses desde mi llegada y no ha transcurrido un sólo día en el que mi vida no haya dado un giro de un calibre considerable. Me he adaptado de veras bien. Tengo una familia generosa, que comparte conmigo un hogar, un calor, desayunos y cigarros. Cada vez que creo conocer del todo la ciudad, descubro un delicioso rincón en sus callejas. He encontrado mi bar, mi plaza y mi puesto de lectura en la biblioteca central. Me he llenado de libros de poesía lusófona y puede que haya encontrado también algo más... No quiero adelantarme, aquí las cosas van aprisa. Eso me asusta. Merecéis ser transportados a mi vera durante un par de minutos... El caso es que, aquí en la resi, han decidido jugar al "amigo invisble"; supongo sabéis de qué hablo. Un sorteo, un regalo para ofrecer y otro para recibir estas Navidades. La pasada semana buscando mi ofrenda, me adentré en pequeñas tiendas en un par de calles más arriba de la mía y encontré una de souvenirs en la que supuse podría comprar tarjetas algo más especiales que una foto del río que baña el paseo que tantos ocasos he recorrido. Decidí husmear en unas cajas algo apartadas e imaginad mi sorpresa al encontrar cartas y postales antiguas,escritas en portugués y todavía en un estado considerablemente bueno. Las leí todas, pasé allí mi tarde. Al retirarme, el dueño del comercio, con los ojos grandes y despiertos se atrevíó a aconsejarme. Me preguntó por mi búsqueda; me dijo que se me notaba en la mirada, que buscaba historias de amor escritas a mano. No me lo podía creer... Me recomendó una tienda de libros usados y otra de antigüedades. Nunca tan agradecida. Todavía sigo sin entender cómo supo reconocerme de tan maravillosa manera... Por supuesto, seguí sus consejos y salté a una especie de jardín lleno de arcas, a su vez llenas de palabras, éstas llenas de poesía; poesía llena. Pura. Estreché lazos con los propietarios de aquella maravilla y ahora vivo ese retiro como una biblioteca. Compro los libros, los leo, y si no me han gustado, me los cambian por otros para que sólo me quede los que me hayan enganchado. Otra vez agradecida...

Además, frecuento a menudo, por amor y otros motivos, las Repúblicas Portuguesas y me siento más ligado aún a esta cultura y a este ambiente libertino.

Estoy empezando a apretar las tuercas con los exámenes e intento pasar las tardes en la biblioteca. Pero, por suerte y por desgracia, siempre hay algo que hacer, a menudo hay un plan diferente, rara vez no me espera una birra en la mesa de un bar o un café en la plaza ahí abajo.

Deseo leeros pronto... Me gustaría saber un poquito de todos.
Os espero aquí, en Coimbra y en Vigo en menos de un mes.

Saudades

P.D. Este finde he estado en O´Porto y tras haber escondido graffitis en Coimbra, me encargué de dejar huella allí también.






viernes, 13 de septiembre de 2013

Mis queridos descamisados:

Os escribo desde mi blanco balcón. No es precisamente grande ni espacioso pero de veras que me encanta. Da a una plaza llena de bares, de tiendas, de vida. Me asomo cada mañana; me resulta delicioso oír y observar a la gente comenzar el día en portugués. La residencia está genial; enorme, limpia y con buen ambiente. Ya he conocido a muchos estudiantes y el lunes empezaré las clases, estoy deseándolo. Cada noche nos juntamos; hay guitarras y cantamos o charlamos sobre cualquier estupidez que ayude a crear vínculo.

Coimbra es una ciudad bellísima y muy viva, aun con el toque existencialista tan propio de Portugal. Creo que no podré evitar enamorarme de este gris, de atardeceres celestiales, de este acento armonioso, de sus calles estrechas llenas de grafiitis, de sus anchas avenidas llenas de arte... Y por si fuera poco, cada vez que doblo una esquina, encuentro una floristería. Estoy tan agradecida... Me encuentro realmente feliz y en la obligación de compartir con vosotros algún detalle que otro. Supongo que recordáis, sobretodo David y Cris, esa obra de Clarice Lispector, "La hora de la estrella", con la que estaba yo algo obsesionada; pues imaginad mi sorpresa al conocer a la mujer que trabaja limpiando la residencia... Exactamente igual a la protagonista. Me quedé embobada y la observé discretamente acertando al cuadrar cada mínimo rasgo de la descripción. Entonces creo que es una señal. 

Pronto más noticias desde el punto más al sur. Estoy deseando leeros a todos. 

Beijinhos!

Cynthia




















P.D. La foto es de la primera noche aquí. Salí a por una cerveza y acabé en un concierto de jazz en la calle. Ahora me entendéis un poco más...
P.D. 2 Respecto a mi saludo en esta primera carta, siempre dije que Vero me recordaba a Evita.